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Poesía

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Web_Insomnio_marco

Elsa Cross ha construido sin descanso, a lo largo de más de medio siglo, una obra sólida recogida en numerosos libros de poesía. Su poesía pertenece a la tradición más decantada de nuestra literatura (se formó en el taller de Juan José Arreola). Es dueña de una voz sumamente fi na y sugerente que ha tendido puentes poéticos entre la historia, la mitología, las religiones y las cosmovisiones de México, Grecia, la India y muchos otros extremos de nuestro mundo.
    Su obra ha estado guiada por una curiosidad sin fronteras en busca de la claridad de la poesía. En este libro, Elsa Cross narra las estaciones poéticas de una larga travesía por el insomnio y sus vasos comunicantes con el abismo y la irrealidad.

    Si el miedo la contrae
    va la mente por una cuerda fl oja
    en el insomnio de una noche que no acaba
    Se vuelve abismo todo pensamiento
    y seguirlo es caer a un fondo oscuro


    Desde estados de conciencia acrecentada los poemas de Insomnio se internan en zonas de niebla, involucionan hasta un tiempo fosilizado o caen a los inframundos de la pasión, la violencia y la muerte, para salir fi nalmente a otra orilla donde la conciencia misma, el tiempo y el lenguaje se extinguen disolviéndose en luz.
    Con un amplio rango de recursos formales y fincado en persistentes consonancias y aliteraciones, el ritmo del poema enfrenta y sortea “las fi suras imposibles”, “la nota en discordia” y “la zarpa taimada” del insomnio, ciñendo los trece cantos que lo componen a una forma casi clásica. Elsa Cross ha logrado, con este Insomnio, un libro fascinante y desafi ante que invita siempre a volver a él.

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Web_Colibri

Este libro inclasificable es el diario poético de una exploración del encuentro de los cuerpos entre el umbral de sombras de los sueños recién abandonados y el filo de las luces recién nacidas. Los precisos y hermosos poemas de este libro muestran, en cuatro ciclos de doce poemas cada uno, un itinerario de imágenes en movimiento fugaz que se detienen y vuelven, una y otra vez, como el colibrí, siempre renovados, a la sorpresa del encuentro de los cuerpos ante el día naciente.
    “Durante casi tres años –nos dice el autor de los poemas aquí reunidos– anoté diariamente la experiencia de despertar con quien amo. Hay quienes por la mañana escriben sus sueños. Yo tomé nota minuciosamente de nuestros despertares. Exploración de un estado intermedio entre la vigilia y el sueño. Exactamente como lo es el insomnio pero en el otro extremo de la noche. Ambos estados igualmente delirantes, inciertos, propicios para ser conocidos y contados con los instrumentos de precisión de la poesía.
    “Esta ‘composición del despertar’, el libro entero, es una exploración de ese instante en el que los amantes cruzan un umbral, hacen los rituales que conjuran todo lo desagradable que los separa y dan sentido a la vida, descubren la naturaleza plural del cuerpo y los rostros múltiples de la luz que, en ella, los ha transformado. Ésas son las cuatro fases ascendentes de una búsqueda, los cuatro capítulos de este libro.”

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web_galapagos_marco

“¿Aquí es Galápagos?”, se pregunta Malva Flores a lo largo de este insólito libro de poemas. Lejos de constituir una Novísima Atlántida una actualización, quizá, del Xanadú que Coleridge vislumbrara en sueños, las islas Galápagos son aquí, como lo fueron para Darwin a bordo del Beagle, el punto de partida para una redimensión del hombre en su microcosmos terrestre.
“Estoy completamente convencido escribió Darwin en El origen de las especies, cuya redacción fue gestada en aquellas islas de que las especies no son inmutables y de que las que pertenecen a lo que se llama el mismo género son descendientes directas de alguna otra especie, generalmente extinguida, de la misma manera que las variedades reconocidas de una especie son las descendientes de ésta.” Si las especies de la naturaleza no son inmutables, mucho menos las que se reproducen en el hábitat de la poesía. Galápagos asume tales principios evolutivos con una inteligencia e ironía forma les que no desdeñan la amargura y la desorientación como vías de conocimiento. Pero todo conocimiento supone una travesía y, con ella, el exilio.
Advierte Darwin que “toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma”. Galápagos, la escala más reciente de Malva Flores, exhibe una “nueva y modificada forma” de hacer poesía: el viaje de una naturalista alrededor del mundo, el suyo propio, perdido como el Paraíso y recobrado desde afuera, desde su necesaria y lúcida expulsión. “Mira las flores. Míralas bien: el terciopelo en su exceso de hambre”, escribe la autora haciendo honor taxonómico a su apellido, a la sombra del árbol de la ciencia.

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Antología poética

Ida Vitale (Montevideo, 1923), poeta, ensayista y traductora, un tiempo exiliada en México, ha merecido algunos de los premios más importantes de poesía en lengua española: el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, el Premio Internacional Alfonso Reyes  y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Este volumen reúne una esmerada selección de su obra poética.

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esquinca-camara-nupcial

Pocos poetas han abierto tantos signos de interrogación como Emily Dickinson (1830-1886). ¿Cómo es que una mujer prácticamente inédita, que apenas salió de su propio cuarto en la casa familiar de Amherst, un pequeño pueblo del estado de Massachusetts, escribió cerca de dos mil poemas que cambiaron para siempre el rostro de la poesía?

El generoso enigma de Dickinson, pese a los libros, piezas teatrales, películas, pinturas, series de televisión, canciones y hasta cómics “inspirados” en ella, se ha mantenido intacto. Como la propia poeta estadounidense, con ternura y humor visionarios, escribió a su preceptor, T. W. Higginson: “Si la fama me correspondiese, no podría yo escapar a ella – si no, el día más largo se me desvanecería en la carrera – y perdería – la aprobación de mi Perro – así – mi Oficio Descalzo – es mejor”.

Cámara nupcial no desconoce la fama contradictoria de Dickinson. Antes bien, enfrenta los avatares de su “Oficio Descalzo” desde la noche oscura (“la noche turmalina”) del lenguaje. Autor de una de las obras más nítidas e inquietas de la poesía mexicana actual, Jorge Esquinca emprendió en 2011 un viaje de peregrinación a Amherst. A su regreso, confeccionó este cajón de sastre donde reúne monólogos dramáticos e interiores, cartas en verso y adivinanzas en prosa, notas al pie de una documentación fotográfica in situ, un álbum botánico y hasta una diatriba final, en voz de la propia Dickinson, para censurar todo asomo de mitología literaria.
“No puede el navegante ver el Norte”, escribió Dickinson, “mas sabe que la brújula sí puede”. Esquinca ha confiado una vez más en su poderosa brújula verbal para abrirse paso entre lo incierto, lo oscuro e informe; para desconocerse magistralmente en estas páginas y, como recompensa, “formar el barrunto de una nueva constelación”.

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El circo siempre está de viaje. Hay que verlo levantar sus mástiles, desplegar sus velas, su redondel multicolor. El circo llega a un puerto distinto cada vez, arroja sus anclas momentáneas y nos entrega un espectáculo de magníficas audacias, de suspenso y asombro, de temblorosa risa. Todo dura apenas unos instantes pues Zarpa el circo, nave de las maravillas, hacia el horizonte donde cielo y mar mezclan sus luces. Algo queda, sin embargo, para siempre, en el alma de quien tuvo la suerte de vivirlo. Así este libro de Coral Bracho y Vicente Rojo, donde las palabras de la poeta y los trazos del pintor se reúnen para celebrar ese milagro. Dos equilibristas en justa armonía nos ofrecen el testimonio de su azoro continuado: las palabras reverberan, los colores hablan. Inmersión directa en la alegría de un juego que se antoja eterno, Zarpa el circo y nosotros con él.

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Un lugar: Marfa, en el estado de Texas, y una mirada forastera que lo recorre apacible, deteniéndose sólo el tiempo necesario; como si quisiera, rozándolos apenas, nombrar los seres y las cosas que lo habitan.Una contemplación en mudanza y asombro permanentes, por instantes idéntica a la vida que ahí, en ese espacio, alienta.En este nuevo libro, Coral Bracho se interna por esa “tierra de larguísimas sombras” llevando la luz indispensable, la claridad de su palabra. La poesía es entonces un ímpetu sosegado, una vibración, un estado del alma, y traza espléndidas minucias que se desvanecen en el aire, mientras su hondura, su tenue realidad, nos toca y se queda. Tres árboles, un ciprés, un enebro y un pino, son los ejes imantados en torno a los cuales transcurren las cosas: los errabundos camiones, las lentas trocas, un largo e inolvidable tren como un “animal que huye”; voces de niños y de pájaros, insectos, la menuda hierba, algunos trastos, flores a veces, una ventana desde la que alguien toma nota puntual de todo esto, convirtiendo cada apunte en un testimonio de vida. Más allá, el horizonte, la inquietante lejanía. Marfa, Texas es un “espacio de infinitud que se abre, como una pequeña casa”. Y la casa en la poesía de Coral Bracho está abierta, nos permite entrar sin pedirnos más que una apertura semejante. Hay que pasar por ella como quien va, sin llevarse nada, conservándolo todo.

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Antología personal

La poesía de Darío Jaramillo Agudelo se ofrece como una invitación para transitar con ella por los comunes rumbos de la experiencia humana: la anhelante espera del ser amado –la celebración de esa plenitud y la constatación de su pérdida–, el azoro ante la más poderosa existencia de los gatos, las piedras y los árboles, la nitidez con que esto que llamamos la vida se presenta de pronto, por las noches, cuando las aguas del sueño nos transportan hacia esa otra orilla donde es posible ser todos y ninguno. Nostalgia incesante y memoria recobrada; dolor y gozo de saberse mortal y eterno como la flor transcrita y ardiente sobre la página.

A semejanza de una hebra –fina, resistente, luminosa– cada uno de los poemas que forman este libro va enrollándose con natural sabiduría en la rueca del alma que los ha convocado. Y es que la obra poética de Darío Jaramillo Agudelo eligió, a lo largo de los años, componerse a través de una muy personal notación. Se trata de una voz que –limpia de todo aderezo, de todo artificio– fluye con la necesaria claridad con la que han de decirse las cosas más hondas.

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pacheco-los-dias-que-no-se-nombran
Antología personal

“Cuando el objeto ya no está, / cuando los actos mueren / queda aún la palabra que los nombra, fantasma / de pre­sencias que se disuelven. / Envuelto en esta herencia nos llega el tiempo”. La palabra de José Emilio Pacheco nos lega su tiempo, la sucesión modesta de lo que vivió. Pero al recuperarse en su palabra, este tiempo deja de ser meramente anecdótico y crece; se vuelve inmenso. Es tiempo reflexivo y convierte el instante en parte de la historia; es tiempo imaginativo y hace que en la historia se abra el haz de las versiones que no ha cumplido, pero sin dejar nunca de ser tiempo precioso porque aunque se recuerde con tierna minucia, no puede recuperarse: “Cómo volver a ese lugar que ya no está. / Imposible encontrarlo”.

A José Emilio Pacheco le habla la memoria, pero también se le revela la naturaleza mediante una observación penetrante, paciente, al mismo tiempo terrible y maravillosa: “El erizo nunca se ha visto. / No se conoce a sí mismo”. En su poesía la naturaleza no es algo que esté más allá de nosotros sino que, como el tiempo, nos incluye, y como la historia, nos juzga. La ética no es un invento filosófico, es la consecuencia del rigor poético.

“No hay sinónimos / existe nada más el término exacto, / una palabra para cada cosa. Debe ceñirse, / como la piel al cuerpo, a lo que nombra”. Una palabra que puede ser una de las que José Emilio Pacheco hizo suyas, trabajándolas a lo largo de las décadas –todo, mundo, noche, tie­rra, tiempo, vida– o las palabras que oye decir a otros y hace que ardan, compartidas, en su propia página. Otros: Virgilio, Bernal, Francisco de Terrazas, Sor Juana, Flaubert, Juan de Dios Peza, Rilke, López Velar­de, Rokha, Rulfo, Poniatowska... Pero también toma palabras nuestras. Las nuestras pero lavadas. Las nuestras como tendrían que ser, para ser siempre. 

En esta antología generosa prologada por Jorge Fernández Granados, están todos los registros de nuestro gran poeta, del que vivió siempre desde la literatura: el poema brevísimo de un solo verso y los poemas en prosa, sus trabajos tempranos y los últimos que dio a la imprenta; al leerlo junto, siempre encontramos su voz y siempre nos encontramos gracias a esa voz.

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paz-un-sol-mas-vivo-bolsillo
Antología poética (edición de bolsillo)

Dice Antonio Deltoro en su prólogo, que esta antología: “Comienza por un poema de juventud que habla de un jardín y termina con un poema de valiente despedida. El lector se dará cuenta que hay algo que a través de las épocas, de los metros y de la extensión hace de un poema de Paz un poema de Paz; pienso que, más allá de un estilo, es la vivacidad de un temperamento gobernado por un ritmo, una actitud inteligente que siempre da la cara más allá de la forma del poema. Esa vivacidad creadora la encontrará el lector como un manantial o un surtidor en cada una de las páginas de esta antología.

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huerta-transa-poetica-bolsillo
Antología personal (edición de bolsillo)

Transa poética, antología personalísima, incluye los poemas con que Efraín Huerta señaló las es­ta­­cio­nes preferidas de su quehacer poético. Desde composiciones tan tempranas como “La poesía ene­miga” hasta textos muy posteriores como “Barbas para desatar la lujuria” o el “Manifiesto nalgaísta”, esta selección del autor despliega los múltiples tonos de su gama. La obra de Efraín Huerta es una y va­riada: de la pasión amorosa al explosivo y mexicano sentido del humor, esta extraordinaria escritura poética muestra una conmovedora capacidad para ha­bitar el mundo de todos los días con intensi­dad y pureza únicas. Esta Transa poética es festiva, ceremonial, calle­jera, contemplativa, un libro cuya brillantez no intimida, sino que lo acerca, hasta que terminamos por leerlo y releerlo con apasionada amistad.

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juan gelman; poesia gelman; ultimos poemas de juan gelman

¿Y si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre/una delicia falsa/una fuga en mí mayor/un invento de lo que nunca se podrá decir? ¿Y si fuera la negación de la calle/la bosta de un caballo/el suicidio de los ojos agudos? ¿Y si fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?

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herbert-album-iscariote

Con un lenguaje poético que por momentos parece tensarse hasta su propia disolución, y con una ironía y un humorismo que no alcanzan a ocultar la angustia existencial que vibra detrás de cada uno de los versos, Julián Herbert plasma su visión de ese “punto medio del camino de nuestra vida” donde todo pare­­­ce transformarse de modo definitivo para nunca volver a ser lo que era.

Álbum Iscariote es un parteaguas en la obra de Herbert, un libro de tránsito donde se prefigura un abismo; es la búsqueda de un estilo poético que encuentre un lugar habitable en la caída y halle refugio en el mundo propio y en el entorno político. El camino que traza es un diálogo de ecos y resonancias con los autores que lo acompañan, tanto los muertos como los vivos, con sus contemporáneos como con sus clásicos personales, con la cultura íntima como con la popular, con las tradiciones entrelazadas del norte anglo y del norte mexicano. Las alusiones eruditas abundan como un modo de actualizar una herencia que es necesario poner en circulación de nuevo. De la época clásica grecolatina a la época prehispánica en América, se tensa una línea temporal que conecta la Antigüedad con el paso de los días que corren.

Álbum Iscariote expresa una perplejidad ante el oficio de poeta, ante el paso del tiempo –y la pérdida de la juventud–, ante la paternidad y, también, ante la trágica situación del país. En este libro desconcertante, sin duda la obra más ambiciosa de cuantas ha escrito, Herbert se angustia, juega con la tipografía, con las palabras, con las tachaduras, con los colores, con las definiciones, con los idiomas. El desamparo late en juegos visuales donde las palabras parecen adquirir vida propia, en versos truncos, en encadenamientos de letras, referencias bibliográficas y de internet, y hasta en imágenes y figuras violentas que se entrelazan con otras donde la cotidianidad se muestra en tonos de ternura y esperanza.

Narrador –cuentista y novelista–, ensayista, poeta, cantante, Julián Herbert es un insatisfecho de sí mismo que se encuentra y desencuentra en cada libro y a veces dentro cada libro. Éste libro no es la excepción.

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pacheco-nuevo-album-de-zoologia
Dibujos de Francisco Toledo

El Bestiario, es decir el libro que reúne versos o poemas en prosa sobre animales, es una de las tradiciones ancestrales de la poesía. El antecedente más remoto que conocemos es el Physiologus que data de los primeros siglos de nuestra era. Nuevo álbum de zoología continúa esta línea y la trae hasta nuestro siglo XXI de frenética destrucción de la naturaleza y de especies en peligro, la humana en primer término. 

Jorge Esquinca ha sabido reconocer en los libros de José Emilio Pacheco el bestiario que corre a través de ellos. A cada edición sucesiva se han sumado otros animales y otras maneras de mirarlos. 

La difícil o imposible convivencia entre el ser humano y los otros habitantes de nuestro planeta compartido tiene en común el final desamparo de todos los que poblamos un astro minúsculo perdido entre millones de galaxias. «Los animales saben», escribió Samuel Beckett, y Pacheco revive con ellos una y otra vez esta lección. Desde los efímeros cocuyos hasta la ballena bíblica, desde el invisible ácaro hasta el orgulloso tigre, la mirada se mantiene alerta y se aparta de las contemplaciones gratuitas.   

A la manera de los bestiarios medievales sus poemas suelen convertirse en un espejo moral que lamenta nuestro instinto depredador. Testimonio de vital urgencia, Nuevo álbum de zoología cala en el enigma de lo que existe sin desatender la elemental pasión por esta “terrible, absurda, gloriosa vida”.  

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bonnefoy-uvas

Bonnefoy parte aquí de un relato legendario: Zeuxis, famoso pintor griego del siglo V a.C., en una ocasión pintó unas uvas tan perfectas que los pájaros llegaron a picotear la tela. Los poemas transmiten una contemplación que toca de manera directa y también tangencial la interacción constante entre arte y realidad: ¿qué entendemos por realidad? ¿Es el fenómeno, las cosas mismas, o es aquella esencia imperecedera que está detrás, y de la cual el fenómeno es sólo una réplica? ¿El arte debe ser sólo una imitación de la naturaleza o ha de surgir, más bien, imitando sus múltiples procesos de creación?

En el texto “La invención de la pintura” y en “Más sobre la invención del dibujo” (poema inédito aun en francés, que Yves Bonnefoy ha dado exclusivamente para esta edición), la hija del alfarero de Corinto inventa el dibujo al querer trazar sobre el muro el contorno del cuerpo de su amante, proyectado por una lámpara. A partir de esta creación imaginaria, Bonnefoy alude a los antiguos vasos griegos de figuras negras, en los que las figuras tenían aspecto de sombras.

En la última parte del libro parecería darse una descomposición gradual de la acabada perfección del cuadro legendario de las uvas de Zeuxis. Los intentos del pintor se frustran; los pájaros, criaturas rapaces, llegan a su tela no sólo para picotear la pintura sino para robarle incluso las ideas. El “Autorretrato de Zeuxis” ofrece una conclusión llena de sugerencias: “La tumba de Zeuxis se encuentra en el repliegue de dos montañas, del otro lado de la falla. […] Sólo los pájaros que Zeuxis pintó a media altura del cantil pueden llegar a grandes aletazos hasta el lugar donde ahora reposa, y después volver hacia nosotros gritando en la estrecha galería donde nos rozan y nos dan pavor”.

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vestigios

A lo largo de este libro, cuyas páginas cierran con el poema “Los restos”, que Sicilia dedica a su hijo Juan Francisco asesinado a finales de marzo de 2011, el poeta convoca una vez más a Dios, como lo ha hecho desde sus primeros versos –aquellos que en Permanencia en los puertos (1982) anunciaron la extraña presencia de un joven poeta católico en medio de una poesía mexicana dominada por los herederos de las vanguardias. Pero en Vestigios el Dios de Sicilia se revela en la condición de Deus Absconditus, como el creador que se retira del mundo, como el padre que deja a sus hijos a su propia suerte, huérfanos y libres a la vez: “te escondiste en la nada y nos susurras / como el pulso en el fondo de una arteria”. De los ojos del Dios ausente emergen esta vez, simultáneamente, amor y vacío, “una nada salida del naufragio”, y el poeta asido a su fe se haya ante una divinidad ociosa en un mundo sin Cielo y sin Infierno, en un tiempo sin memoria donde la presencia de Dios se revela fragmentada, ocasionalmente bajo imágenes marianas que nacen como los únicos bálsamos posibles en una tierra extraviada, donde todo tiende a ser idéntico, homogéneo y desalmado.

El punto final de este libro adquiere un significado trágico, profundamente doloroso, porque con este signo de puntuación el poeta Javier Sicilia da por terminada su obra poética y a modo de despedida a su hijo y a la poesía misma escribe: “Ya no hay nada que decir / el mundo ya no es digno de la Palabra”. En Vestigios el lector encontrará los últimos versos de un poeta que, después de perder a su amado hijo en la espiral de violencia que vive México, se retira del verso y emprende el camino de la resistencia civil frente a la barbarie y a la guerra.

 

 

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deltoro_losarboles
Cultivador del escepticismo fundado y de su complemento, el optimismo razonable y problemático, el autor de estas páginas lanza preguntas que perfilan inquietantes paradojas: ¿para qué tanto buscar, si al fin y al cabo siempre se encuentra?; ¿para qué ir a la búsqueda de “algo”, si en sentido estricto nunca se encuentra? Aun desde la convicción de que a estas alturas de la historia resulta insostenible perseguir significaciones absolutas. Consciente de la vastedad del universo y atento a la singularidad de todos los seres que lo pueblan, Deltoro escribe con una inmediatez que no excluye la precisión y el rigor. En este libro los asombros nacen “de lo imponderable de la poesía”.
 

Cultivador del escepticismo fundado y de su complemento, el optimismo razonable y problemático, el autor de estas páginas lanza preguntas que perfilan inquietantes paradojas: ¿para qué tanto buscar, si al fin y al cabo siempre se encuentra?; ¿para qué ir a la búsqueda de “algo”, si en sentido estricto nunca se encuentra? Aun desde la convicción de que a estas alturas de la historia resulta insostenible perseguir significaciones absolutas.

Consciente de la vastedad del universo y atento a la singularidad de todos los seres que lo pueblan, Deltoro escribe con una inmediatez que no excluye la precisión y el rigor. En este libro los asombros nacen “de lo imponderable de la poesía”.

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leon_latinta
Antología de poesía náhuatl. Edición bilingüe
Los textos que conocemos hoy como poesía náhuatl se deben en gran medida al trabajo invaluable de Miguel León-Portilla, quien ha dedicado toda una vida al estudio de la cultura náhuatl desde las más diversas pers­pectivas. La poesía ha sido uno de los centros de su interés, y varios libros suyos están dedicados a ella. A lo largo de los años, se ha enfrentado reiteradamente a los mismos textos, y ha decidido siempre traducirlos de nuevo antes que ir a una versión suya previa, ya que prefiere aceptar el reto del original cada vez. Para llegar a la presente compilación de las traducciones de León-Portilla, Coral Bracho y Marcelo Uribe, en colaboración con él, han buscado las mejores versiones de los más representativos y mejores textos, los han cotejado entre sí y los han armado, echando mano a veces de fragmentos de distintas traducciones.
La mayor parte de los textos que forman esta antología han sido cons­truidos en español por él, pero en cierta forma también en náhuatl, en la medida en que los ha extraído de un corpus que no siempre los distingue como textos independientes y en el cual, al menos en su expresión gráfica, no existe la noción de verso. Así, no sólo la versificación en español es suya, sino también en náhuatl, y está basada en las particularidades sonoras y estructurales de esa lengua.
El propósito de este libro, además de presentar los textos en su lengua original, es ofrecer una idea aproximada de la sensibilidad poética que permeaba la mirada de los nahuas, en los momentos lite­rarios más lúcidos de las traducciones de Miguel León-Portilla, la persona que –sin duda– más se ha acercado, y desde la más honda sabiduría y la sensibilidad e inteligencia más finas, a las profundidades del mundo náhuatl.

Los textos que conocemos hoy como poesía náhuatl se deben en gran medida al trabajo invaluable de Miguel León-Portilla, quien ha dedicado toda una vida al estudio de la cultura náhuatl desde las más diversas pers­pectivas. La poesía ha sido uno de los centros de su interés, y varios libros suyos están dedicados a ella. A lo largo de los años, se ha enfrentado reiteradamente a los mismos textos, y ha decidido siempre traducirlos de nuevo antes que ir a una versión suya previa, ya que prefiere aceptar el reto del original cada vez. Para llegar a la presente compilación de las traducciones de León-Portilla, Coral Bracho y Marcelo Uribe, en colaboración con él, han buscado las mejores versiones de los más representativos y mejores textos, los han cotejado entre sí y los han armado, echando mano a veces de fragmentos de distintas traducciones.

La mayor parte de los textos que forman esta antología han sido cons­truidos en español por él, pero en cierta forma también en náhuatl, en la medida en que los ha extraído de un corpus que no siempre los distingue como textos independientes y en el cual, al menos en su expresión gráfica, no existe la noción de verso. Así, no sólo la versificación en español es suya, sino también en náhuatl, y está basada en las particularidades sonoras y estructurales de esa lengua.

El propósito de este libro, además de presentar los textos en su lengua original, es ofrecer una idea aproximada de la sensibilidad poética que permeaba la mirada de los nahuas, en los momentos lite­rarios más lúcidos de las traducciones de Miguel León-Portilla, la persona que –sin duda– más se ha acercado, y desde la más honda sabiduría y la sensibilidad e inteligencia más finas, a las profundidades del mundo náhuatl.

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quintero_regresiva
Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2011

Cuenta regresiva, nos muestra a un poeta de una fina sensibilidad, ahondada por el dolor, “esa piedra ubicua/ con la que suelta el mundo su tremenda noche” que se niega a ser “polvo viviente, polvo humano”. Quintero inquiere inteligente y sosegadamente por la naturaleza del cuer­po (su deseo y su decadencia), por la del amor y la del cuerpo social, para encontrar en la poesía la razón última de la sobrevivencia.

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plascencia_satori

De acuerdo con el budismo zen, sólo una mente sin distracciones puede atender el instante en toda su fugaz pureza; sólo aquellos que trascienden el yo pueden revelar el mundo. La poesía que León Plascencia Ñol ha ido construyendo desde hace más de veinte años resulta un ejercicio similar donde florecen el instante y sus fenómenos, donde las personas del verbo conviven entre sí como reflejos mutuos.

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morabito_delante

Este libro es una red tendida en busca de complicidades. Los poetas suelen buscar el rasgo único, excepcional, que sostenga su discurso. Fabio Morábito viene demostrando lo contrario en cada uno de sus títulos: la naturalidad es lo que irradia, y la escritura es la constatación de esa luz cálida. Y sucede el milagro: un poema se incrusta y brilla en el tedio horizontal de nuestros días.

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marquines_acapulco
Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2012
A partir de un viaje que Malcolm Lowry realizó a Acapulco en 1936, Marquines −radicado desde hace años en aquel puerto− concibe este libro singular y electrizante donde el monólogo interior, el diario y el epitafio componen una galería de retratos “al margen” sobre el autor de Bajo el volcán. A un mundo amenazado por los concilios de la sobriedad y el ensimismamiento, Lowry, a través de Marquines, opone universos paralelos donde su visión intoxicada resulta todo menos lírica: superficie reflejante, pura y llana literalidad.
Desaforado y tenso, “anormalmente delirante”, polifónico, Acapulco Golden −ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2012− parece partir de una premisa contenida en su interior: “La realidad es un lugar aburridísimo”. De ahí los estados alterados de su escritura, los infiernos artificiales de que se nutre la realidad para dotarla de evidencias menos anecdóticas. Marquines, que antes había documentado la migración ilegal hacia Estados Unidos o la locura del pintor Richard Dadd, aborda ahora la oscura leyenda del escritor inglés en su paso por el Pacífico mexicano. “Al lado del ebrio mundo que, girando desaforado, precipitábase”, según el propio Lowry, Marquines nos entrega ahora el libro más salvaje e inmaduro −es decir, el más poderoso y arrojado− de su obra.
 

A partir de un viaje que Malcolm Lowry realizó a Acapulco en 1936, Marquines −radicado desde hace años en aquel puerto− concibe este libro singular y electrizante donde el monólogo interior, el diario y el epitafio componen una galería de retratos “al margen” sobre el autor de Bajo el volcán. A un mundo amenazado por los concilios de la sobriedad y el ensimismamiento, Lowry, a través de Marquines, opone universos paralelos donde su visión intoxicada resulta todo menos lírica: superficie reflejante, pura y llana literalidad.

Desaforado y tenso, “anormalmente delirante”, polifónico, Acapulco Golden −ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2012− parece partir de una premisa contenida en su interior: “La realidad es un lugar aburridísimo”. De ahí los estados alterados de su escritura, los infiernos artificiales de que se nutre la realidad para dotarla de evidencias menos anecdóticas. Marquines, que antes había documentado la migración ilegal hacia Estados Unidos o la locura del pintor Richard Dadd, aborda ahora la oscura leyenda del escritor inglés en su paso por el Pacífico mexicano. “Al lado del ebrio mundo que, girando desaforado, precipitábase”, según el propio Lowry, Marquines nos entrega ahora el libro más salvaje e inmaduro −es decir, el más poderoso y arrojado− de su obra.

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hernandez_perros

Perros muy azules obtuvo en 2010 el Premio Iberoamericano de Poesía Jaime Sabines para Obra Publicada. Este libro de Claudia Hernández de Valle-Arizpe constituye, hasta la fecha, el volumen más desconcertante de su autora. De rancio abolengo lírico, fue enrareciendo su lenguaje hasta llegar, aquí, al reconocimiento de un fracaso esencial: el canto como expiración de la belleza, el cuento como aspiración de la verdad. Acaso, y porque siente una irónica nostalgia por los ritos órficos, Hernández de Valle-Arizpe desciende al Hades −a la palabra “abisal” de José Ángel Valente− para salir, a solas, hacia la superficie del habla.

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flores_luz_materia
Instantáneas invadidas por la luz, atravesadas por el viento, fijadas por la gravedad de las piedras: este nuevo libro de Malva Flores es un pausado asedio a la piel del mundo, materia que los ojos de la poeta reconocen como perfectamente visible, aunque muchos la dejen de ver.
Y la materia, iluminada por dentro, le devuelve a la poeta el reflejo de sí misma, de tal manera que al nombrar el mundo (árboles, papalotes, niños, playas) se autorretrata, como sucede siempre con la buena poesía. Luz de la materia, libro gobernado por la mirada, es también una pasión táctil y sonora: en cada poema se reconoce, amorosamente, la integridad de las cosas, la sustancia (verbal y material) de que están hechas. Y luego, admitiendo que “no somos de razón” para aprehender las cosas, la poeta canta, se abandona a la sensualidad y se hace voz.
Luz de la materia es un libro de reflejos y ecos entre el poeta y la cosa. Cuando dice yo, también dice aquello. Y cuando dice aquello dice yo. El ritmo que produce esa correspondencia tiene un nombre, poesía, y una voz, la de Malva Flores.

Instantáneas invadidas por la luz, atravesadas por el viento, fijadas por la gravedad de las piedras: este nuevo libro de Malva Flores es un pausado asedio a la piel del mundo, materia que los ojos de la poeta reconocen como perfectamente visible, aunque muchos la dejen de ver.Y la materia, iluminada por dentro, le devuelve a la poeta el reflejo de sí misma, de tal manera que al nombrar el mundo (árboles, papalotes, niños, playas) se autorretrata, como sucede siempre con la buena poesía. Luz de la materia, libro gobernado por la mirada, es también una pasión táctil y sonora: en cada poema se reconoce, amorosamente, la integridad de las cosas, la sustancia (verbal y material) de que están hechas. Y luego, admitiendo que “no somos de razón” para aprehender las cosas, la poeta canta, se abandona a la sensualidad y se hace voz.

Luz de la materia es un libro de reflejos y ecos entre el poeta y la cosa. Cuando dice yo, también dice aquello. Y cuando dice aquello dice yo. El ritmo que produce esa correspondencia tiene un nombre, poesía, y una voz, la de Malva Flores.

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